Un viaje al Alto Atlas Marroquí (I)

Viaje Atlas Marruecos Toubkal

Mis primeros cuatromiles

La primera vez que alguien me sugirió que las vacaciones podían ser una ascensión a varios picos de más de 3.999 m, con la excusa de que serían fáciles y podría añadir a mi CV montañero semejantes logros, me lo tome a broma. Cuatro miles y fáciles eran dos palabras que no me compaginaban en absoluto. La primera idea que me venía a la cabeza era “¡Me quiere mandar a Alpes, está loco, que pinto yo en Alpes cuando la máxima altura a la que he ascendido en Pirineos ha sido el Tuc de Mulleres (3.010 m), son 1.000 metros más!” Pues este es un pequeño relato de como sí que ascendí 4 picos de más de 3.999 m pero no en Alpes, sino en Marruecos.

El Atlas Marroquí, un lugar increíble, diferente y a la vez muy parecido a nuestros Picos de Europa, una experiencia montañera auténtica,  divertida e inolvidable.

A modo de introducción y para aquellos que como yo no sabíamos mucho de esta zona, el Alto Atlas es una subcordillera que forma parte del Atlas marroquí. Cuenta con las mayores altitudes de todo el norte de África, con la máxima cota en el monte Toubkal (4.167 m). El Jbel Toubkal se encuentra en el Parque Nacional del Toubkal, que fundado en 1942. Su situación a tan solo 70 km de Marrakech hace que sea el lugar más visitado del Atlas y casi de todo Marruecos, ya que aúna una región paisajística y botánica excepcional. Cabe destacar también el asentamiento de sus poblaciones bereberes en consonancia con el medio natural. 

Esta aventura transcurre en octubre de 2014 de la mano del guía Pablo Fernández Cañón, responsable del grupo de 11 personas que realizaríamos el trekking por el Alto Atlas, también en compañía de los guías locales Omar y Mohamed.

Nuestro periplo ya comienza con nuestro viaje en coche a Madrid para coger el vuelo que nos llevaría a Marrakech. Pablo, Conchi (otra compañera que salía de Gijón) y yo nos vimos envueltos en el mayor atasco de tráfico acaecido en Madrid me atrevería a decir en los últimos 10 años. En resumen y para no aburriros es que perdimos el avión que teníamos a las 10:00 de la mañana. La odisea del viaje de ida sigue, y es que no pudimos coger otro vuelo hasta las 19:30 h de la tarde de ese mismo día. Conseguimos billete vía Casablanca y tras una hora de trasbordo llegamos a Marrakech a las 11 de la noche. Como no podía ser de otra manera la Ley de Murphy nos remató el día añadiendo 1 hora de control de pasaportes, y para finalizar cuando nos recogen para llevarnos al mítico hotel Alí en la plaza Jamaa el Fna nos dicen que la hora de desayuno es a las 7 de la mañana!!!. Os podéis imaginar las pocas horas de descanso (que más adelante me pasarían factura).

Tras un escaso sueño reparador (escaso porque a las 5 de la mañana ya suenan las llamadas a la oración) y un rico desayuno, nos vamos a comenzar el trekking. Para ello hay que ir hasta la población de Imlil donde nos trasladan en un minibús. Aprovechamos el trayecto para ir conociendo al resto de miembros. Con mayoría de asturianos también nos encontramos con gente de Madrid, Barcelona, País Vasco, e incluso Canarias.

A nuestra llegada a Imlil toca trasladar los petates a las mulas que lo subirán hasta el refugio. Hoy solo ascenderemos hasta el mismo a una altitud de 3.207 m. Para darnos la bienvenida, el tiempo decide que un poco de lluvia no nos viene mal, así que nada más salir de Imlil, chubasquero, y cubre mochilas, menos mal que para al poco rato. Los inicios del trekking y las vistas que regala del valle y las poblaciones son espectaculares, pueblos mimetizados en las laderas de la montaña, zonas de cultivo de frutales inmensas, son como pequeños oasis en medio de la aridez.

Pueblo de Imlil

Este trayecto hasta el refugio es una senda ancha y muy transitada, casi recuerda a nuestra senda del Cares en pleno verano. Constantemente te encuentras con excursionistas o gentes locales. En el trayecto alguna parada de descanso donde puedes degustar dulces típicos (y también comprarlos). A 2.300 m nos encontramos con Sidi Chamharouch, una pequeña aldea donde nos sirven un rico té. Cuenta con una gran roca pintada de blanco donde los peregrinos   rinden culto y ofrendas alrededor de la gran piedra del Marabout Sidi Chamharouch.

A partir de este punto y hasta nuestra llegada al refugio, el tiempo se transforma muy rápidamente en frío, viento intenso, lluvia y granizo. Con toda la ropa de más abrigo en los petates que suben las mulas, el resto del ascenso se me hace durísimo y además he de añadir el dolor de cabeza que comienza a acechar por la altura, y que a pesar de los analgésicos no se me pasa. Literalmente a poco más de media hora de llegar al refugio me da una “pájara”. Solo recuerdo frio, frio, cansancio extremo y ganas de llegar, incluso subir las escaleras finales para entrar en el me supusieron un gran esfuerzo. Llegada caótica al refugio para cambiarnos, ubicarnos en los dormitorios, menos mal que ropa seca, más sopa caliente y una buena comida cambiaron la perspectiva tan negativa de este primer día de trekking. No dispongo de ninguna foto del montaje de tendal en la sala del comedor alrededor de la chimenea. Los responsables del refugio muy amablemente la tuvieron encendida hasta última hora para que nos pudiera secar ropa, y calzado. Os aseguro que era digno de ver.

Ascenso al Toubkal (4.167 m)

Al día siguiente amanece totalmente distinto. Hay viento pero no llueve o graniza, así que bien abrigados comenzamos el ascenso. El itinerario de subida empieza unos pocos metros por encima del refugio, cruzamos el torrente del Assif-n-Issougouane y empezamos a subir las pendientes en dirección SE. Este es un cuatro mil fácil, se trata de salvar un desnivel de 960 m por una senda muy clara y marcada, con la única dificultad de la nieve acumulada y un poco helada en alguna zona, y la altura. Es por ello que da cabida a mucha gente que no va muy preparada, y así nos encontramos aunque no lo creáis mujeres subiendo con botas de calle o un chubasquero fino. La temperatura aquel día era de -2º C con sensación térmica de -6ºC. Las vistas son impactantes conforme ganas altura. Todo gana en grandiosidad, y la única pega vuelve a ser el mal de altura que ralentiza mucho mi marcha los últimos metros, pero paso a paso y tras varias paradas de descanso llegamos a cumbre. Primer 4.000 en el bolsillo.

Bajando del Toubkal

Las vistas son extraordinarias, nos rodean todas las cimas del circo: al oeste, de sur a norte, vemos el Timesguida, Ras, Akoiud, Afella, Biiguinoussene, Tadat y Alguelzim. Hacia el norte vemos la larga cresta NE hasta el Tichki, pasando por Imouzzer y Afekhoui, como el día era claro divisamos hacia el sur la cadena montañosa del Anti-Atlas justo delante de las primeras extensas llanuras del Sahara, 3.500 metros por debajo nuestro. El regreso al refugio lo realizamos por el mismo itinerario de subida.

Ascenso al Timesguida (4.088 m) y Ras (4.083 m)

Se trata de la ascensión a la segunda y tercera cumbres más altas de la cordillera. Quizás el mejor día de todos, sin apenas viento y con un cielo prácticamente despejado. Una jornada con unas trepadas que le dieron el punto, muy sencillas pero que pusieron la salsa a la jornada. Nuevamente al llegar a la cumbre del Timesguida, te quedas sin respiración por las vistas, que nos muestran, hacia el norte, toda la crestería del macizo central del Atlas. Y hacia el sur, infinidad de montañas de menor altura y aspecto yermo que descienden hacia las llanuras que limitan con el desierto.

Camino del Ras y el Timesguida

Tras esta cumbre y las fotos de rigor, nos disponemos a realizar el Ras (con doble cumbre). Un paseo donde los ojos no dejan de ver un paisaje de gran belleza, y que sin querer me recuerda constantemente a Picos de Europa. La gran diferencia estriba en el color de la roca que no es nuestro gris caliza. Se trata de una roca rojiza que en conjunto para mí al menos lo hace espectacular y distinto.

Pues ya tenemos 3 cuatro miles conquistados y ya solo nos queda el cuarto. El Akioud.

Refugio del Toubkal

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